viernes, 28 de enero de 2005

Una historia

Érase una vez en un reino muy lejano una princesa que vivía en su castillo de oro. No era como las demás princesas, no les gustaban los vestidos, montaba caballos sola y sin montura, no le gustaban los carruajes. Su madre sólo penasaba en os vestidos, la ropa y los modales. Ya había cumplido 18 años y tenía que casarse con un príncipe al cual no conocía y el reino entero murmuraba que era un afeminado. La princesa no estaba dispuesta a aceptar su destino cruel, para descargar su ira, se disfrazaba como hombre y se iba a las justas. En los que siempre salía victoriosa, su fuerza era formidable, hubiese sido el mejor capitán de su padre, o al menos si no fuese mujer.

Un día su padre se enteró sobre sus andanzas, sus luchas y su falta de "educación" al no comportarse como una dama. Se acercaba la guerra contra un reino bárbaro y el padre no quería que su hija estuviese en peligro, por lo que iba a casarla con el príncipe de Inglaterra.

La hija al ver que su padre era tan testarudo, se fue después que él a la guerra, y tomó el puesto del general que no podía ir sin que se dieran cuenta. Peleó como nunca en su vida, había nacido para esto, no para bordar y tomar el té. Eso era realmente lo que quería. Sin darse cuenta, en plena batalla una flecha enemiga cruzó su pecho, peleó hasta morir montada en su caballo. Al morir, su padre, casi se muere de la impotencia, su única hija había muerto. Había cohibido a su hija de hacer lo que quería, y gracias a eso ella murió, se sintió culpable el resto de su vida por ese gran error.

A todos los padres que leyeron esto, no cohiban a sus hijas obligándolas a hacer algo que simplemente no quieren. Déjenlas ser.


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Claro, y supongo que te personalizas como la princesa... o como Xena?Muchas risasMuchas risas