Debo admitir que me gustó la sensación de tomar una guitarra en serio, se siente superbien, eso fue lo que experimenté, cuando mi primito me dejó tocar su guitarra eléctrica ayer por la tarde. Es cierto que de cuerdas, acordes, afinación y todo lo que respecta al tema no lo domino muy bien que se diga, pero me quedé con la intriga de averiguarlo. Tal vez uno de estos días convenza a papá que me compre una

a ver si aprendo.
Pero... ¿y se me vuelvo adicta como unos cuantos que conozco?

, la verdad no lo creo. Nunca dejaré mi gran hobbie que es escribir. Adoro escribir y lo haré siempre. El reñir de una guitarra no me quitará mi gran afición en lo que respecta escribir.
En vacaciones conseguiré mi guitarra. ¡Eso espero!