Cierto día, con un grupo de amigas estábamos hablando de los fuertemente criticados hombres, yo que estaba un tanto fuera de onda con respecto a la conversación, entonces hubo una amiga que me preguntó: Irma... ¿crees que existan los príncipes azules?
A esa pregunta hay una respuesta muy extensa, para empezar... un príncipe no puede ser AZUL, en cuanto a su color de piel, o amenos de que el sujeto en cuestión se pinte la piel; segundo, de esos personajes, sólo se les escucha hablar en los cuentos de hadas, resulta que este señor resulta ser la perfección en carne viva, lo que toda mujer pudiera pedir; alguien alto, guapo, fuerte, valiente, virtuoso e intelectual... y de familia real, y la princesa con quien se case vivirá FELIZ para siempre. Bah! Pamplinas, eso es una gran blasfemia.
Además, si existieran los hombres perfectos, sería muy aburrido –o al menos para mí-, no podría sentarme un buen rato a discutir ni ganar yo la discusión (no se nota que soy conflictiva. Jajajajaja).
Ni existen princesas encantadas ni me considero una, ni creo en los ridículos príncipes azules ( aunque no sé si de verdad son ridículos, pero tengo la certeza de que no existen), por más encantadores que parezcan siempre todo cambiará de manera repentina e inesperada... y todo se irá al diablo.
Mis amigas al escuchar mis argumentos creen que soy una persona que no cree en los sueños ni nada de eso. OBVIO no existe tal cosa, y tal vez si alguna vez exista sea sólo superficialmente y no realmente. Allá ellas si creen en historietas de niñitas, yo simplemente no creo que existan, es un invento de Disney, los Hermanos Grimm, y otros autores de libros intentándonos lavar el cerebro con esas idioteces.
¡No existen los príncipes azules!