A veces me visitas sin una razón que lo amerite, pero aún sin mi consentimiento lo haces. Me pregunto si es necesario torturarme de tal modo, o poder evadir ese montón de loqueras y cosas que pienso. Ojalá no pudieses entrar nunca más para recordarme todo lo bueno y todas las cosas maravillosas que no permanecerán iguales.
Si alguna vez en la vida vuelves a visitarme asegúrame de que no vuelva a despertar jamás para no deprimirme por lo que sucede. Sé que todo esto que ocurre es pasajero y que tal vez algún día despierte; pero por el momento debo resignarme a no mirar hacia atrás, pues me hace daño.
De manera que si algún día vuelves a visitarme extraño bus de los recuerdos, acuérdate no hacer parada en mi cabeza para evitar un colapso mental. Aunque dichosos fueron aquellos momentos hoy sólo se caen por las escaleras y se abren nuevamente viejas heridas.
Cuando puedas visita a las personas que quiero y que necesitan sus recuerdos hermosos, a mí me desaniman. Olvídate de mí por favor... ¡No me tortures más!