sábado, 23 de septiembre de 2006
Añoranza
Mientras conducías camino hacia nuestra cabaña en el bosque te noté preocupado, me pregunté en mis adentros la razón oculta de ello, pues te conocía mejor que nadie y me inquietaba la extraña manera en la que conducías.
Fue en la próxima curva, ubicada a 300 metros de distancia a las 9:30 pm de ese domingo de febrero cuando te perdí. Nunca supe qué fue lo que aturdía tu mente, pero ahora no estás aquí para que pueda yo interrogarte; en momentos como este es cuando quisiera más que nada tenerte a mi lado y poner fin a esta duda que me ha perseguido durante años.
Tu fotografía sigue estando a la derecha de mi cabecera; Vicente cada día se parece más a ti y en ocasiones me parece verte a través de mi hijo; aún después de 15 años sigo extrañando tu tono grave de voz en las mañanas, el olor del habano de las diez, la extraña música de tus lamentos nocturnos... ¡Oh Patrick, son tantas cosas!
Hoy después de 60 años de perderte; he despertado con la certeza de que volveré a verte y me alegra muchísimo. Aunque mi cuerpo ya está cansado y me cuesta caminar no me importa, lucharé hasta el fin por volverte a ver. Vicente está fuerte y vigoroso, ya ha formado una familia y se ve muy feliz con todo lo que le pasa; hace un mes tuvo a una niña preciosa después de tener ya a tres varones, su nombre es Ruby, como lo era el de tu madre.
Mi visión sólo se limita a burbujas blancas que flotan en un aire incierto, oigo una música hipnotizante que me inspira tranquilidad y ternura; no veo a mi hijo ni a mis nietos... Pero presiento que en minutos te estaré viendo después de tantos años.
Fue en la próxima curva, ubicada a 300 metros de distancia a las 9:30 pm de ese domingo de febrero cuando te perdí. Nunca supe qué fue lo que aturdía tu mente, pero ahora no estás aquí para que pueda yo interrogarte; en momentos como este es cuando quisiera más que nada tenerte a mi lado y poner fin a esta duda que me ha perseguido durante años.
Tu fotografía sigue estando a la derecha de mi cabecera; Vicente cada día se parece más a ti y en ocasiones me parece verte a través de mi hijo; aún después de 15 años sigo extrañando tu tono grave de voz en las mañanas, el olor del habano de las diez, la extraña música de tus lamentos nocturnos... ¡Oh Patrick, son tantas cosas!
Hoy después de 60 años de perderte; he despertado con la certeza de que volveré a verte y me alegra muchísimo. Aunque mi cuerpo ya está cansado y me cuesta caminar no me importa, lucharé hasta el fin por volverte a ver. Vicente está fuerte y vigoroso, ya ha formado una familia y se ve muy feliz con todo lo que le pasa; hace un mes tuvo a una niña preciosa después de tener ya a tres varones, su nombre es Ruby, como lo era el de tu madre.
Mi visión sólo se limita a burbujas blancas que flotan en un aire incierto, oigo una música hipnotizante que me inspira tranquilidad y ternura; no veo a mi hijo ni a mis nietos... Pero presiento que en minutos te estaré viendo después de tantos años.

